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Vida y muerte del algodón

Las décadas de 1960 y 1970 fueron gloriosas para este cultivo.

Por Ana Lucía González Fotos Miguel López

El fruto blanco de las plantaciones de algodón formó parte del paisaje de las planicies de la Costa Sur durante las décadas de 1960 a 1970. En esos años en el mundo se le conocía como el “rey de los cultivos”, mantuvo un crecimiento acelerado al punto de que en el período 1978-1979 alcanzó su pico máximo con 182 mil manzanas cultivadas.

La caída de los precios internacionales, el agotamiento de los suelos, el alto costo de los insumos y la gran cantidad de pesticidas para su cuidado, que repercutieron en la flora, la fauna y la salud humana, provocaron su decadencia, según revela el estudio Industria algodonera en Guatemala, de José Manuel Pérez y Lawrence Pratt.

La producción se fue reduciendo de manera tan acelerada que, después de un lustro, —temporada 1984-85— ya solo se cultivaba el 50 por ciento —90 mil manzanas— y de 1992-1993 solamente se dedicaban a esta cosecha 32 mil manzanas. En su lugar prosperaron la caña de azúcar, la soya y la palma africana. De ser un país exportador, Guatemala pasó a ser importador.

La sobreviviente

La única gran productora de algodón a nivel nacional es Luisa Villavicencio. Su familia posee una plantación de entre 10 a 12 manzanas en la finca El Naranjo, Masagua, Escuintla. Hay otros pequeños productores, quienes lo cultivan en parcelas alrededor del Lago de Atitlán.

El producto lo transforma en hilo y lo distribuye entre más de 250 artesanos de varias partes del país, quienes elaboran diversidad de artículos.

Villavicencio, además, diseña piezas para el hogar, accesorios para damas —bolsos y prendas de vestir en tonos naturales— para la tienda Algodones Mayas, en Antigua Guatemala. Ella heredó las tierras de su padre Horacio Villavicencio, quien fue un investigador enamorado de esta planta. “Experimentó con varias tonalidades hasta lograr la semilla color verde a base de transgénicos”, cuenta la empresaria.

“Es una tela apreciada por que es antialérgica, suave, fresca, absorbente y cómoda, a diferencia de las sintéticas”, afirma.

El Consejo Nacional del Algodón intentó impulsar a fines de los años 1990 un programa artesanal de esta planta entre pequeños productores. Para el período 1997-98 se había sembrado 600 manzanas entre 65 agricultores, según el estudio de Pérez y Pratt.

Larga historia

Se cree que los antiguos mayas emplearon fibras de algodón natural café, conocido como cuyuscate.

Según la antropóloga Bárbara Knoke de Arathoon, este hilo aún es utilizado en la elaboración de los huipiles tradicionales de algunas comunidades, como Santa Apolonia, Chimaltenango.

“Sin embargo, el uso de esta fibra nativa ha desaparecido casi por completo en las comunidades cakchiqueles y achís”, afirma la antropóloga.

A mitad del siglo XX, durante el gobierno de Juan José Arévalo, el cultivo del algodón blanco recibió un fuerte impulso, como parte de la política agraria para diversificar los productos de exportación. El mandatario contrató en 1948 a un experto venezolano para desarrollar este cultivo, de acuerdo con el tomo VI de la Historia General de Guatemala.

En 1950, comprobados los buenos resultados de la experiencia, el Instituto de Fomento de la Producción (Infop) decidió importar semillas de esta planta, ofreció ayuda financiera a los agricultores y promocionó su producción, la cual mostró buenos frutos durante el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán.

El período de gran expansión fue de 1960 a 1978, y uno de los mayores productores fue la familia Molina Espinoza, de acuerdo con el boletín El Observador (2008). Estas décadas de auge tuvieron como punto de partida los buenos precios en el mercado internacional, la disponibilidad de tierras fértiles en la costa del Pacífico y su alto rendimiento, cita la Historia General de Guatemala.

En esos años los productores se organizaron en el Consejo Nacional del Algodón, y entre quienes lo presidieron fi guraron Raúl García Granados, y hacia fines de 1990, Alfredo Gil Spillari.

 

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